«El amor me lo ha enseñado todo». Un corto animado con lecciones para toda la vida

«El amor me lo ha enseñado todo». Un corto animado con lecciones para toda la vida

Te presentamos un cortometraje de Fred y Sam Gillaume titulado «El zorro y el ave». Este nos muestra de manera artística, alegórica y sencilla el valor y la belleza de las relaciones personales.

Como se ve, la trama no es compleja, pero sí lo es la realidad humana que representa. La historia trata de un zorro que, al intentar comer un huevo, se encuentra con el ave recién nacida que había dentro de este y, en vez de aprovecharse de ella, la empieza a cuidar y acompañarla mientras esta va creciendo.

Finalmente, le toca despedirse de ella para dejarla volar. Lo profundo del argumento está en las realidades personales que la historia representa: el cuidado, la compasión, la ternura, la fidelidad, la caridad, el respeto, la responsabilidad. Todos los diversos rostros del amor.

Reflexionemos en la figura del zorro

El contenido y la presencia de un zorro en el cortometraje remite a otra historia célebre aparentemente infantil, pero de inmensa profundidad y sabiduría: «El Principito», obra maestra de Antoine de Saint Exupéry.

Es una coincidencia muy grande, de hecho el zorro del cortometraje pone en práctica todo lo que el zorro de «El Principito» enseña, casi como si se tratara del mismo personaje.

El otro zorro enseña al principito sobre la importancia de establecer vínculos, mediante un proceso que se da con el tiempo y que él llama domesticación.

En sus enseñanzas emplea frases como «fue el tiempo que pasaste con tu rosa fue lo que la hizo tan importante» o «eres responsable para siempre de lo que has domesticado».

Los vínculos que formamos 

Por otro lado, este zorro, el del cortometraje, se encuentra al ave recién nacida, con sorpresa y desconcierto, y pretende alejarse de ella. Pero luego lo mueve la compasión y empieza a establecer un relación de cuidado paternal y responsabilidad que con el tiempo se convierte en un vínculo de ayuda mutua y complementariedad en las diferencias.

Se termina dando una «domesticación» mutua, pero el zorro debe aceptar finalmente que él no debía ser responsable para siempre del ave, sino que esta, por su propia naturaleza, estaba hecha para viajar y volar con los de su especie.

El zorro aquí es invitado a elevar la domesticación al grado del amor. A la entrega absoluta, a la donación que no espera nada a cambio, a volcarse totalmente a las necesidades del otro y a dejar ir para hacer feliz al ave.

¿Qué reflexiones nos trae «El zorro y el ave»?

Si pensamos ahora en nuestra vida personal, ¿qué reflexiones nos puede traer este cortometraje? En nuestra vida también nos encontramos constantemente con los demás. Algunos de esos encuentros se pueden convertir en vínculos y estos, para permanecer y fortalecerse, necesitan del compromiso.

Así, vivimos muchas veces la hermosa experiencia de la «domesticación» con nuestros familiares, amigos o pareja. Constatamos que nuestra existencia está enlazada a otras en relaciones de comunión.

Esta experiencia de ser persona, es decir, de ser «alguien en relación», es la que más nos permite conocernos y vislumbrar nuestra identidad más profunda, pero también es la que nos genera miedos y sufrimientos.

¡Cuántas veces podemos pensar, cuando nos toca despedirnos o separarnos como el zorro y el ave, que el amor no vale la pena, que es inútil y nos expone a muchos peligros!

Este cortometraje nos recuerda que, a pesar de la presencia del dolor, el amor es lo más grande y hermoso que puede vivir una persona.

La experiencia reveladora de entregarlo todo por amor

En la «Gaudium et Spes» (24), maravilloso documento del Concilio Vaticano II, se nos recuerda: «El hombre, única criatura terrestre a la que Dios ha amado por sí mismo, no puede encontrar su propia plenitud si no es en la entrega sincera de sí mismo a los demás».

Por ser imagen y semejanza de Dios, eterna comunión de amor, no podemos conocernos y desplegarnos plenamente si no nos aventuramos a la experiencia reveladora del amor.

A pesar de nuestros miedos, heridas, angustias y dolores, somos capaces de vivir el amor por que Dios nos amó primero y ha derramado ese amor en nuestros corazones.

En ese primer amor recibido encontramos la seguridad y la estabilidad para salir de nosotros con valentía y volvernos en una fuente de amor para el mundo, en canales de un amor recibido que está más allá de nosotros.

Desde una mirada de fe sabemos que el amor es la fuente de la vida y el amor ha vencido a la muerte, al mal y al dolor. Del triunfo del amor en Cristo brota nuestra paz y nuestra esperanza.

«El amor me lo ha explicado todo…»

Para terminar la reflexión, compartimos un poema precioso adjudicado a san Juan Pablo II: “El amor me lo ha explicado todo, el amor me lo ha resuelto todo, por eso admiro el amor donde quiera que se encuentre.

Si el amor es tan grande como sencillo, si el anhelo más simple se puede encontrar en la nostalgia, entonces puedo entender porque Dios quiere ser recibido por gente sencilla, por esos cuyos corazones son puros y no encuentran palabras para expresar su amor.

Dios ha venido hasta aquí y se ha parado a poca distancia de la nada, muy cerca de nuestros ojos. Quizá la vida es una ola de sorpresas. Una ola más alta que la muerte. No tengáis miedo jamás».

¿Cómo reforzar los vínculos de amor?

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