EL HUERTO DE LA VIRGEN.

El visitante avezado parará en alguna ocasión a comer o a refrescarse un poco antes de llegar al santuario de Torreciudad. Hay un pequeño aparcamiento y una señal de fuente. Como la fuente mana y hay un arbolado espectacular de carrascas, se está muy bien y muy fresco en esas mesas y bancos de piedra. Desde allí se divisa la ermita. Pues este terreno que siempre ha tenido agua y siempre ha tenido fuente era el huerto de la Virgen. Este huerto servía de sustentación importante para la ermita y sus moradores, que eran el prior, los ermitaños y los santeros, además de los peregrinos que pudieran llegar.

En el siglo XIX hubo muchos problemas con la propiedad de este huerto, con motivo de las sucesivas desamortizaciones. Los vecinos de Bolturina adquirieron el casón y el huerto para evitar que se les diera un uso indebido. Pero se dio la circunstancia de que el prior debía pagar un alquiler por residir en el casón de la ermita y por arrendar el huerto. Problemas aparte, esto era lo que sucedía con la mayor parte de los habitantes de estas comarcas, que disponían de un pequeño huerto del cual obtenían verduras y hortalizas, algunos árboles frutales y algunas viñas. Lo cuidaban los ermitaños y también los santeros cuando no estaban girando una vuelta por los alrededores para cuestar.