Curso Online: «Anatomía de un amor duradero»

Curso Online: «Anatomía de un amor duradero»

¿Puede el amor durar para siempre? Muchos nos aproximamos a esa pregunta con temor. Tantas historias rotas y heridas sufridas por tantos. Pareciera que el amor verdadero es eterno, hasta que se acaba. Parejas jóvenes y no tan jóvenes nos hemos comprado el cuento de vivir solo del sentimiento y cuando este desaparece, el amor termina.

¡Sí es posible amar para toda la vida y ser correspondido! En este curso dirigido por Andrea Cobos, descubrirás la importancia de conocerte, de reconocer tu historia como creatura de Dios, tu cuerpo y el sentido del mismo en tu relación con los demás. Comprenderás que hombres y mujeres somos distintos, pero que la complementariedad es más grande que la diferencia. Entenderás que todos, sin distinción, estamos llamados a un amor grande, feliz y posible.

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«La tercera víctima». ¿Por qué la figura del hombre queda olvidada cuando se habla de aborto?

«La tercera víctima». ¿Por qué la figura del hombre queda olvidada cuando se habla de aborto?
Aborto: ¿dónde queda la figura del hombre para decidir?

Existen dos preguntas de mucha profundidad que vale la pena sostener en el tiempo y que pueden formularse de diversas maneras: ¿Quieren realmente las mujeres que las dejen solas en la decisión del aborto? ¿Han estado solas las mujeres en la decisión de abortar?

Según las investigaciones del sociólogo T.W. Strahan, el 80% de las mujeres que han abortado en realidad deseaban al niño y declaran que habrían llevado a término el embarazo si su compañero las hubiera alentado a hacerlo.

El Journal of Pregnancy de 2010, P.K. Coleman destacó que el 64% de los varones y de las mujeres involucradas en el aborto declararon no haberlo querido realmente, sino que fueron impulsados a hacerlo. Y el 47,8% de las mujeres afirmaron que fueron inducidas por personas diferentes a su pareja.

¿Quiénes inducen a una mujer a practicarse un aborto?

Aborto: ¿dónde queda la figura del hombre para decidir?

¿Quiénes pueden ser los agentes que induzcan a una mujer a tomar esa decisión de forma directa o de forma indirecta? La respuesta es abismalmente amplia pues cubre: amistades, compañeros, padres de familia, profesores, consejeros, jurisprudencias, contratos laborales.

El entorno social enmarcado en la televisión, el cine, la publicidad en la que se vende los placeres de la alegría de la vida excluyendo radicalmente cualquier compromiso hacia una figura maternal, paternal y que pueda insinuar siquiera el concepto de hogar.

La situación de embarazo la van inyectando en el subconsciente colectivo como: amenaza, inconveniencia, obstrucción, mal momento, accidente, situación inconcebible, y un largo etc. ¿Qué significa todo ello?, la consecuencia final, después de dejar a un lado todas las arandelas ideológicas y jurídicas, es la extirpación de un ser que no recibe siquiera la oportunidad de nacer (¿o debe decirse embrión?).

Se evita categorizarlo como un ser humano

Aborto: ¿dónde queda la figura del hombre para decidir?

Se le nombra de distintas maneras pero se evita la de categorizarlo como ser humano. Desde la temprana posibilidad de «germinación/gestación» se le tilda de «cosa» y que, de dejarlo avanzar, podría hasta llegar a convertirse en… ¡un ser humano! Como si fuese una verdadera amenaza.

Todos los argumentos fortalecen en la psiquis de los futuros padres, el adjetivo de inconveniente. Y sin saberlo, este diminuto ser comienza desde el refugio más perfecto de la naturaleza y que denominamos vientre, una batalla que jamás imaginó, y al que aplicaron el calificativo de «un problema por resolver».

Esto resulta ser una instigación hacia el aborto con todo el profundo significado que el verbo instigar implica (influir en una persona para que realice una acción o piense del modo que se desea, especialmente si es para que haga algo malo o perjudicial).

En otras palabras, se le enseña a las nuevas generaciones que no existe límite y que el aborto no solo es un derecho sino también un servicio. Llámese sociedad de consumo o sociedad del cálculo y control, el hecho es que se está deshumanizando a la gente.

Pero claro, cuando se acude a la tenebrosa arma de relativizarlo todo, se cae en la dimensión conformista de que todo depende de la forma como se analice una circunstancia.

La figura del hombre queda olvidada cuando se habla de aborto

Un asunto que poco o nada tiene cabida en esta tragedia vergonzosa del aborto está en aquel individuo que ha sido completamente anulado de la ecuación: el varón. Es más fácil inculcar la idea que para él es muchísimo mejor no ser tenido en cuenta que permitirse pensar que tiene completo derecho a intervenir en tan seria decisión de «interrumpir un embarazo».

Socialmente se vende la idea de que el asunto es estricta y exclusivamente de la mujer embarazada y totalmente ajeno del varón. Líneas arriba se mencionaban algunos porcentajes sorprendentes de mujeres que no habrían acudido a ese procedimiento médico si tan solo hubieran sido alentadas a no hacerlo por parte de sus parejas.

Aquí las variables son numerosas y se facilita la interpretación de este texto, si solamente se centra la problemática en parejas que por x o y circunstancia no planeada, resultaron embarazadas. Es decir, no se centrará en la astuta argumentación de que todos los casos de embarazo no planeado, resultan ser el fruto de unos escenarios horrorosos en que la mujer es violentada.

Escenario que en debates gubernamentales motivados por intereses económicos, urge convertirse en la regla general. Pero que la realidad indica que se trata de casos particulares y/o puntuales (por no expresarlo como: estadísticamente minoritarios).

Y habiéndose desconocido sistemáticamente el derecho a la vida del bebé en gestación —primera víctima— se llega también de forma dramática a una nueva pregunta:

¿En dónde entra o es tenido en cuenta el padre del bebé?

Aborto: ¿dónde queda la figura del hombre para decidir?

Llegando a situaciones extremas de anularlo totalmente, estableciendo leyes sobre la absoluta imposibilidad legal por parte del papá de querer hacer presencia en tan delicada decisión.

¿Qué ocurre con aquellos hombres a los que se les negó la oportunidad de oponerse, de quejarse, de expresarse? ¿Sus heridas psicológicas y dolor moral no son ni medianamente comparables con las heridas de aquellas jovencitas que consiguieron comprender la crueldad que implicó dicha decisión?

A través de investigaciones de especialistas de la psicología, asesores espirituales, encuestas, demandas y quejas de jóvenes, viene abriéndose paso la necesidad de concientización sobre esta tercera, desconocida e infra-valorada víctima en los casos de aborto: el hombre.

Particularmente –como es apenas obvio—, cuando estos al enterarse por su pareja (cosa que no siempre ocurre) intentan desesperadamente impedir que el procedimiento médico se haga. Sí, esos casos existen y sus testimonios son tan desgarradores como los de aquellas mujeres que acudieron al aborto.

Nos gustaría saber en los comentarios qué opinas sobre este tema. ¿Qué estrategias se te ocurren para brindarle acompañamiento a estos hombres que también han perdido a sus hijos?, ¿cómo crees que se puede crear más consciencia de que no solo la mujer está involucrada y es víctima sino también el hombre?

Si quieres profundizar en este tema te recomiendo el libro: Él y el aborto. Un viaje al corazón masculino. Antonello Vanni. Editorial San Pablo.

Artículo elaborado por Carlos G. Romero S (40días por la vida Colombia).

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¿Amar mi cruz o librarme de ella? Este cortometraje me dio la respuesta

¿Amar mi cruz o librarme de ella? Este cortometraje me dio la respuesta
¿Qué significa cargar tu cruz? Este cortometraje lo explica

Hace más de diez años me detectaron una enfermedad incurable. Ni bien ocurrió, intenté averiguar todo al respecto para estar preparado frente a lo que pudiera venir. Sin embargo, hay algo para lo que nadie podría haberme preparado: la gran montaña rusa que implica llevar una cruz así para toda la vida.

No creo aún haber pasado por todas las etapas, porque siempre se van renovando, casi de manera cíclica. He tenido momentos de fuerte dolor y de profunda tristeza, pero también meses enteros con la confianza de que un día Dios simplemente me va a curar. Y del mismo modo, años enteros con el temor de agravarme y no poder continuar con mis sueños.

El tiempo ordinario

Aún con todo esto, creo que la etapa más difícil para mí es lo que llamaría el «tiempo ordinario». Se me hace emocionante pensar en que se acerca la Pascua o intentar vivir de la manera más profunda el tiempo de Pentecostés: son tiempos fuertes.

Sin embargo, a veces el itinerario más difícil es el Tiempo Ordinario, donde un día se puede vivir tan fuertemente la esperanza de la Resurrección, así como el dolor de Getsemaní, sin tener quizás un camino establecido.

Pasa del mismo modo con una enfermedad incurable: cuando se agrava es muy difícil, pero de algún modo se encuentran las fuerzas. Por otro lado, en los momentos de mayor salud, la esperanza inspira a arriesgarse a muchas cosas nuevas.

Una fuerte lucha interna

Muchas veces, en el entretiempo —el «tiempo ordinario»— surge una fuerte lucha interna: «¿Debo pedir a Dios salud o debería pedirle que me ayude a amar esta cruz? ¿Son contradictorios estos deseos?».

A partir de esta experiencia escribí el monólogo «Pasos para esperar algo que nunca va a llegar». En este pequeño cortometraje, de algún modo intenté resumir lo que para mí —y quizás muchas personas en situaciones similares— es un itinerario diario de abandono.

Los pilares que he descubierto son tres

Primero, aceptar que hay un dolor fuerte en el pasado que puede habernos marcado. Aceptar que quizás más de una vez surge un ligero resentimiento con Dios y con las circunstancias exteriores. No tener vergüenza o temor de aceptar que duele y que, como todo dolor, molesta.

Segundo, evitar la culpa frente a las cosas que no podemos cambiar o que, simplemente, no dependen de nosotros: como una enfermedad o el dolor de ver a alguien amado partir. Dejar de preguntarnos qué hicimos mal y recordar que, aunque no queramos, hay muchas cosas que nos superan.

Tercero, abrazar la impotencia que la situación puede causarnos. Nos va a causar impotencia, vamos a querer hacer algo al respecto: somos humanos. Sin embargo, no por eso debemos tener miedo a decir «no puedo» o «tengo miedo», mas aun sabiendo que Jesús mismo lo hizo en Getsemaní.

Con todo, estos pilares —a mí parecer— deben ir siempre acompañados de la confianza de que más allá de todo, es Dios quien tiene nuestra vida entre sus manos y, si un día lo quiere, puede quitarnos esa cruz que alguna vez permitió que carguemos.

Incluso si es una «enfermedad incurable». Es por esto que aunque suene contradictorio, procuro vivir siempre esos «Pasos para esperar algo que nunca va a llegar»… porque, quién sabe, y quizás un día llega.

Artículo elaborado por Cristian García Zelada.

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¿El terreno de tu corazón está listo para acoger a Dios? (comentario al Evangelio)

¿El terreno de tu corazón está listo para acoger a Dios? (comentario al Evangelio)

Texto del Evangelio Mt 13,1-23: Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó a orillas del mar. Y se reunió tanta gente junto a Él, que hubo de subir a sentarse en una barca, y toda la gente se quedaba en la ribera. Y les habló muchas cosas en parábolas. Decía: «Una vez salió un sembrador a sembrar. Y al sembrar, unas semillas cayeron a lo largo del camino; vinieron las aves y se las comieron. Otras cayeron en pedregal, donde no tenían mucha tierra, y brotaron enseguida por no tener hondura de tierra; pero en cuanto salió el sol se agostaron y, por no tener raíz, se secaron. Otras cayeron entre abrojos; crecieron los abrojos y las ahogaron. Otras cayeron en tierra buena y dieron fruto, una ciento, otra sesenta, otra treinta.

El que tenga oídos, que oiga». Y acercándose los discípulos le dijeron: «¿Por qué les hablas en parábolas?». Él les respondió: «Es que a vosotros se os ha dado el conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos no. Porque a quien tiene se le dará y le sobrará; pero a quien no tiene, aun lo que tiene se le quitará. Por eso les hablo en parábolas, porque viendo no ven, y oyendo no oyen ni entienden. En ellos se cumple la profecía de Isaías: ‘Oír, oiréis, pero no entenderéis, mirar, miraréis, pero no veréis. Porque se ha embotado el corazón de este pueblo, han hecho duros sus oídos, y han cerrado sus ojos; no sea que vean con sus ojos, con sus oídos oigan, con su corazón entiendan y se conviertan, y yo los sane’. ¡Pero dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen! Pues os aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que vosotros veis, pero no lo vieron, y oír lo que vosotros oís, pero no lo oyeron».

Vosotros, pues, escuchad la parábola del sembrador. Sucede a todo el que oye la Palabra del Reino y no la comprende, que viene el Maligno y arrebata lo sembrado en su corazón: éste es el que fue sembrado a lo largo del camino. El que fue sembrado en pedregal, es el que oye la Palabra, y al punto la recibe con alegría; pero no tiene raíz en sí mismo, sino que es inconstante y, cuando se presenta una tribulación o persecución por causa de la Palabra, sucumbe enseguida. El que fue sembrado entre los abrojos, es el que oye la Palabra, pero las preocupaciones del mundo y la seducción de las riquezas ahogan la Palabra, y queda sin fruto. Pero el que fue sembrado en tierra buena, es el que oye la Palabra y la comprende: éste sí que da fruto y produce, uno ciento, otro sesenta, otro treinta».

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«Quiero ser monaguillo». ¿Quién puede convertirse en uno, qué hace y a quién sirve?

«Quiero ser monaguillo». ¿Quién puede convertirse en uno, qué hace y a quién sirve?
Monaguillo: ¿Quién puede serlo y qué hace?

Hemos visto varias veces a niños y jóvenes que ayudan en el altar durante la celebración de la Eucaristía. Y es común que confundamos el término de monaguillo con el de acólito, «lucen» similares pero no lo son.

El primero es un servicio pastoral que se ejerce en el altar. Mientras que el segundo es el ministerio al cual se accede en el camino de preparación al sacerdocio, es conferido por el obispo a los seminaristas seis meses o un año antes del diaconado. 

Muchos sacerdotes, seminaristas, laicos comprometidos… en su infancia y adolescencia fueron monaguillos. Y existen numerosos testimonios de vida que nos demuestran que pertenecer a un grupo de monaguillos, es pertenecer a una escuela de formación cristiana y vocacional. 

Veamos en qué consiste este bello servicio. 

1. ¿Qué es un monaguillo?

Los monaguillos, son niños y jóvenes que prestan su servicio en el altar del Señor durante las celebraciones litúrgicas. El término «monaguillo», viene de «monjecillo» o «pequeño monje», esto como fruto de la actitud de servicio y espiritualidad en la labor pastoral de estos niños. 

Ser monaguillo puede ser una verdadera escuela vocacional, pero no solo en miras a la vocación sacerdotal o religiosa, sino sobretodo a la vocación bautismal, pues las escuelas de monaguillos son un proceso de discernimiento y discipulado cristiano. 

Ser un monaguillo es ser un cristiano que busca seguir a Jesús cada vez más de cerca, escucharlo, verlo e imitarlo, para a su imagen ser verdaderos hombres de fe. 

2. ¿Quién puede ser monaguillo?

Monaguillo: ¿Quién puede serlo y qué hace?

Monaguillo puede ser todo niño o adolescente cristiano que busque tener una mayor cercanía con Jesús. En algunos lugares se les pide a estos niños el haber recibido su primera comunión para que participen más plenamente de la celebración eucarística a la que sirven con tanto amor. 

Todo aquel niño o joven que, enamorado de la Eucaristía y de la Iglesia, busque tener una relación estrecha con Jesús y seguirle puede convertirse en uno. Esta también es un llamado que Dios puede poner en el corazón de los más jóvenes. 

3. ¿Qué hace un monaguillo?

Monaguillo: ¿Quién puede serlo y qué hace?

El monaguillo es un servidor por excelencia, su tarea es la de servir en el altar y en las celebraciones de la liturgia. Debe ayudar tanto al sacerdote como a la comunidad en el hacer más solemne, por lo que está sirviendo al mismo Cristo que se hace presente en la celebración.

Pero su tarea, como la de todo cristiano, es dar verdadero testimonio de discipulado. Pensemos por ejemplo en que muchas personas por ver al monaguillo distraído en el altar, pierden la concentración, por esto su actitud y testimonio constante son muy importantes, en especial durante la misa. 

4. ¿A quién sirve?

El monaguillo sirve al sacerdote en la celebración litúrgica, y por medio de este servicio está sirviendo a la comunidad en general, pero de manera espiritual. Su servicio va más allá, pues le está sirviendo al mismo Jesús presente en el altar, en el sacerdote y en la asamblea. 

Jesús en el lavatorio de los pies se hizo servidor de todos, del amigo y del traidor, del que ama y del que niega. El monaguillo está llamado a ser servidor como Jesús, es decir, él sirve a todos de manera desinteresada, cariñosa y generosa. 

5. El hermoso oficio de asistir un milagro

Monseñor Ricardo Tobón, arzobispo de Medellín, decía en el 2013: «Servir en el altar es la dichosa oportunidad de estar más cerca del misterio y de servirle a ese mismo misterio glorioso».

El monaguillo asiste al milagro eucarístico, sirviendo en el altar está próximo a la presencia misma de Jesús, donde el distante es llamado, el triste es consolado, el enfermo es sanado… allí donde ocurre lo extraordinario, allí mismo tiene lugar su servicio. 

6. Consejos para ser un mejor monaguillo cada día

Finalmente, para ser un mejor monaguillo hay que recordar la importancia de la espiritualidad en la vida del cristiano. Quiero darte una lista de consejos para fortalecer tu misión en el servicio del altar:

No olvidar la oración, es común que se de la tentación de que por ejercer un servicio constante, nos dejemos llevar por el hacer y dejemos de dialogar con quien nos ha llamado y a quien servimos. 

— Ser humildes, no hay verdadero servicio si no hay verdadera humildad. Recuerda que la humildad es la base para tener una fructífera presencia de Jesús en tu corazón. 

— Vivir la obediencia, el servicio nos llama a la verdadera obediencia que no es otra cosa que comprender y vivir la humildad. 

— Vivir las virtudes cristianas, entre ellas el testimonio como un medio de evangelización. 

— La vida fraterna con los otros monaguillos, el aportar a un buen ambiente de servicio es fundamental.   

Espero que estos consejos te sirvan y que si estás pensando en convertirte en uno ¡lo hagas con todo el cariño! Siempre ofreciendo tus obras a Dios.❤️

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Videonoticias Cari Filii: Lourdes United, Famiplay y San Juan Pablo II, una conversión en Akita y qué pasó en los primeros días de Medjugorje

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