Ven, iniciemos juntos la aventura más grande de nuestras vidas: el matrimonio

Ven, iniciemos juntos la aventura más grande de nuestras vidas: el matrimonio
Matrimonio: por qué es la aventura más grande de la vida

El comercial de Leroy Merlin titulado «Life’s an adventure», es un lindo recurso para abrir una conversación sobre el matrimonio. Hemos escuchado muchas veces que la vida es una aventura y ciertamente lo es. Pero hoy por hoy a veces confundimos los conceptos y sensaciones que tenemos sobre aventura.

La idea de aventura que muchos tenemos se puede inclinar por buscar aquello que nos mueva, que nos llene de adrenalina constantemente para poder sentirnos vivos. Las nuevas experiencias, lo intenso, lo nuevo, eso pareciera que es lo que nos mantiene atentos y llenos de expectativas.

En algunos casos nos llegamos a volver adictos a estas sensaciones y sin querer perdemos la capacidad de comprometernos a largo plazo si no es bajo estas sensaciones. 

El matrimonio es una aventura

Una que en en el inicio nos trae esa sensación de novedad que nos encanta. Aunque hay que tener presente que también es una misión que al final es algo más intenso que la aventura misma. En la aventura, la novedad y la sorpresa tienen un peso importante. En el matrimonio conoces a lo que te comprometes, y aunque el futuro es incierto, tienes un plan y un horizonte al que mirar.

De alguna manera, esperas y te preparas para lo que puede venir. Y la calma puede ser un ingrediente constante que algunos podrían calificar de aburrido, cuando en realidad es un tesoro escaso.

La aventura apenas comienza

No es fácil iniciarse en lo «simple» de formar una familia que funcione. Desde el techo en el que viviremos y que nuestro hogar grande o pequeño hable de nosotros, hasta el planificar lo numerosa que nuestra familia será, es un arduo trabajo que día a día iremos construyendo.

Nos encontraremos con dificultades, tormentas, mares en calma, que incluso pasarán desapercibidos. Y todo, absolutamente todo será posible de superar en la medida en que antes de iniciar el camino y durante él nos preparemos y contemos con aquel «material» que nos permita sortear todos aquellos peligros que acechan en la aventura de la vida.

La manera en que el comercial ha tomado el simbolismo de renovar una casa en ruinas a la vez que se navega en el mar es genial. La casa en ruinas habla de un inicio en un lugar fijo. El mar, los avatares de la vida, el trabajo, los sentimientos, simbolizan las dificultades. Con el ingenio de ambos las cosas van funcionando.

Los ingredientes para que todo funcione

El elemento constante para que todo esto camine es el amor. Está ahí tácito en el comercial, pero es el ingrediente fundamental lo que le da forma y fuerza a todo. Un amor constante, decidido, comprometido. 

Hay sin embargo algo que falta en este comercial que siempre es necesario en la construcción de una familia sólida: los demás. Aquellos que nos ayudarán, desde fuera, a manejar las mareas. Y Aquel que es el mar y el oxígeno mismo, Dios.

La decisión es de los dos. El amor es de los dos, el compromiso en libertad es de los dos. Pero ciertamente se necesitará de los demás también. De los buenos amigos que nos echen una mano en los momentos de dificultad. De los que llenos de experiencia y sabiduría nos den un buen consejo, y de Dios, roca sólida en la que fundamos nuestra unión.

Algunas preguntas que podríamos plantear para iniciar el diálogo sobre el tema del matrimonio pueden ser:

¿Cómo llego preparado a mi matrimonio?

¿Qué tormentas se podrían presentar?

¿Hasta dónde es necesaria la ayuda y la presencia de los demás para fortalecer mi matrimonio?

¿Qué lugar ocupa Dios en nuestras vidas?

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